Transpirenaica en btt 2014. Etapa 6.

De cerca de Sas a cerca de Campo – 88,2 kms.

Me encuentro mojado y con frío. Muy temprano y con alivio (me movía al fin) desmonto todo con la rapidez que me facilitaba la simplicidad del equipaje. Bajo con frío (o quizás es que yo ya lo llevaba dentro), para más tarde subir y mejorar térmicamente mi cuerpo.

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Bajo de nuevo por pista mala, pero la temperatura es aceptable y llego a Pont de Suert.

Nada más allí veo una tienda de deportes, pero decido no preguntar por el pedal. Compro comida, saco dinero, cojo agua y me organizo en una plaza de estilo moderno. Ya que comí poco en la pasada noche y en el desayuno (me quedé casi sin alimentos), lo primero fue tomarme de sopetón mi manojo de cinco bananas, y más tarde, mientras preparaba todo, iría comiendo más lentamente un paquete entero de galletas Napolitanas hasta llenar el depósito. Saco todo lo mojado y lo extiendo para que el sol (bendito sea) comenzase a secar. Con todo desplegado y con mi camiseta bastante manchada (que no sucia), me sentía muy observado allí en la plaza, también por la policía (no sé si eran mossos o guardia urbana) y me sentía vagabundo (no en el sentido de holgazán) y distinto a todos, como en otro mundo, pero estaba tan a gusto con ese sol tan radiante que pocas cosas podían romper el momento. Ahora caigo en la cuenta de que la botella que se me rompió no la tiré en la jornada anterior, sino que descubrí la rotura en esta plaza, donde me deshice de ella. Entre la basura del día anterior que portaba, la botella y los restos de la abundante comida que engullí, llené la papelera hasta los bordes.

Para salir, dispongo el saco sobre el manillar junto con el saco-sábana, mientras que los dos pares de calcetines, los guantes y el polar irían amarrados en el petate trasero a los mismos efectos de secarse. Las zapatillas siguen mojadas y mis pies, sin calcetines, andan algo arrugaditos y con ciertas molestias de piedrecillas.

Antes de salir observo algunos ruteros con bici y alforjas, que serían los últimos que vería en toda la Transpirenaica; cruzo el río y comienzo una subida muy empinada con tramos duros y con piedra, al igual que en la bajada. Al final del descenso el camino se suaviza y me encuentro con un 4×4 cuyo piloto (acompañado de una señora) al cruzarse conmigo se para tranquilamente, me saluda con igual serenidad, me pregunta si iba hacia Seira y al decirle que sí, asiente simplemente con la cabeza satisfecho, como diciendo “bien, hombre, está muy bien”, y sin decir nada más, sonriendo y mirándonos fíjamente a los ojos, nos despedimos con la misma “pereza”. Pasé una mañana bastante alegre con aquel simple encuentro de escasas palabras y me hizo muy feliz ese día.

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Hace calor, tengo las zapatillas secas y a lo largo del día el equipaje queda igualmente seco y lo empaqueto sin impermeabilizar para que siga transpirando y eliminar la posible humedad. También aprovecho este buen día para ir mojando la camiseta para refrescarme – en realidad a veces mojaba la camiseta y la malla, la estrujaba y escurría, me frotaba, me la ponía y la volvía a enjuagar para ponérmela, refrescando y limpiando el cuerpo a la par sin necesidad de estar pasando frío todos los días remojándome en un arroyo -.

En un tramo de carretera comienzo a notar un ruido continuo, que seguramente venía de antes y no oía por rodar por caminos sin asfalto. Atiendo algo más y compruebo que viene de la rueda delantera, concretamente del eje. Me mosqueo un poco porque seguramente son lo cojinetes, y prefiero pensar que es simplemente falta de grasa (bastante lógico después de la “manta” de agua que le cayó anoche) y no algo más grave como que algunos cojinetes estaban rotos. De cualquier forma me preocupaba porque no tenía llaves para poder acceder al interior del buje. Con el rodar, el ruido aumenta al mismo tiempo que mi mosqueo y decido que tengo que intentar abrir el buje, o si no puedo, probar a meterle aceite o grasa de alguna forma.

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Llego a Campo con la rueda sonando como un arpa y atrancándose un poco al dejarla rodar en el aire libremente. Compro sardinas, fruta y pan de molde. Cojo agua y busco sitio cerca del río, junto a un área de recreo o similar. Hay un bosquecillo y detrás hay una zona oculta con árboles y muchos juncos. Compruebo el motivo de que hubiera juncos y veo que hay un desagüe pluvial bajo la carretera. Me retiro un poco del cauce y me dispongo a montar el tarp (a dos aguas) encima de unos juncos, tranquilo por el cielo despejado, la buena temperatura, la baja altitud, la ausencia de viento y el escaso calibre del desagüe. Tengo tiempo, me relajo, como, llamo por teléfono y al llegar el momento oportuno comienzo a montar todo sobre el colchón de juncos. El emplazamiento era bueno y, aunque un perro comenzó a ladrar, al meterme en casa se acaba el festival y sólo ladraría un poco más en la mañana temprano sin que eso me preocupase.

Ha resultado un sueño muy reparador sobre un colchón blandito, “estoy nuevo” y mis bioritmos parecen recuperarse después de pasar la noche anterior en vela. Aquella mala noche anterior no ha menoscabado mi rendimento, y me asombra porque ya son varias veces las que he dormido mal y nunca afecta el rendimiento físico … me da que pensar.

Las heridas están prácticamente curadas y me despreocupo por el momento.

La jornada siguiente sería un día clave en la mecánica, y aunque no consiguiera reparar o apañar la rueda todavía tendría la oportunidad de llegar hasta Escalona, donde probablemente podría solucionarlo, a costa de “cargarme” la autosuficiencia. Estos eran mis pensamientos al acostarme y en principio la lata de sardinas era mi esperanza para no verme obligado a optar por un taller o tienda en el pueblo.

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Transpirenaica en bbt 2014. Etapa 4.

ETAPA 4 De pasado el Coll de Torn a pasados unos kms. de Llavorsí – 103 kms.

El día anterior había resultado muy duro, pero al abrir los ojos, ver que lo oscuro no era tan oscuro y que no llovía, salté del saco muy contento, animado y deseando coger temperatura y desmontar todo para que no me “pillase” la lluvia. Recordaba la acampada de la noche anterior y me congratulaba de lo bien que había acabado la cosa para como pintaba.

Desmontando la casa

Desmontando la casa en un fantástico lugar para guarecerse.

Después de desayunar pan con sardinas, unto con un palito el aceite de éstas en la cadena, que si ya iba seca, ahora con la lluvia se hacía muy necesario.

Organizo todo para la salida y no encuentro mi “superponcho” de 50 gramos. Lo buso, lo rebusco y pensando recuerdo que el día anterior en la bajada lo anclé con las prisas en la cinta que ata el petate trasero. No sé qué pasó, si se volaría en pleno descenso o simplemente al llegar y acampar lo más rápido posible no me percaté del poncho y nada más aflojar la cinta voló igualmente. Comienzo el descenso con frío y tardo en entrar en calor … gracias a Dios que me traje unos guantes porque mis manos son delicadas con baja temperatura. Vuelvo a subir y me caliento, para descender el Col D’Arnat por pista muy embarrada.

Todo estaba nublado y tras el frío inicial, mi mayor temor pasa a ser el no tener chubasquero y pensar si encontraría sitio para comprarlo.

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Necesitaba comprar alimentos pero no hallaba lugar. En Noves Segre no había nada, salvo una señora que me vende productos ecológicos: unas nectarinas que eran agua de pasadas que estaban (me lo advirtió la buena señora), manzanas y unas avellanas sin tostar. La señora me da agua y parto.

El pedal había empeorado, la raja del plástico que recubre el eje del pedal ha llegado a su máximo y el pie ya lo apoyo por el centro del pedal y no en los dientes exteriores. Sin embargo, empezaba a no preocuparme demasiado, ya que , a fin de cuentas, por mucho que se rompiese el pedal al final quedaría, en todo caso, el tubo del eje metálico … y yo he estado meses pedaleando sobre ejes de metal cuando era pequeño y como pasar, no pasa nada. Así, que más que el afán por cambiar el pedal, me planteaba acallar el ruido estresante que emitía, mediante aceite, y sujetarlo algo con bridas. Hasta ahora no quería meterle aceite al pedal, por aquello de que le corresponde grasa y no aceite, que con el polvo y la lluvia duraría casi nada; pero ahora ya me daba igual, y además no quería cambiar la pieza por ganar autosuficiencia. Pero seguía preocupado por el chubasquero y las pilas, y decidí hacerme una fotografía para reflejar la circunstancia que curiosamente lo que hizo fue relajarme.

Foto para mostrar preocupaciones, que lo que hizo fue tranquilizarme

Foto para mostrar preocupaciones, que lo que hizo fue tranquilizarme

El chubasquero pasó a ser mi mayor preocupación de toda la jornada, junto con las pilas del gps que comienzan a agotarse. Pregunto en Sant Joan de L’erm y no tengo suerte.

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Árbol que nacía del tejado

Árbol que nacía del tejado

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Bajando a LLavorsí, toca un descenso muy prolongado con una última parte muy técnica con pedruscos, e intento no perder tiempo. Por ello, a pesar de que quiero llegar en horario comercial, me paro a apretar un tornillo de la varilla que sujeta el petate trasero, porque si no al final iba a perderlo y tendría que chapucear el sistema. Termino de descender y llego al pueblo por una carretera peligrosa, debido a la velocidad de los coches. Lo primero es intentar comprar pilas en una tienda, y toca premio. Al salir le pregunto a los dependientes (muy amables) por un sitio para comprar un chubasquero y me dice … aquí. Me brillan los ojos y paso de nuevo. Entre chubasquero y poncho, me quedo con éste último, por seguridad, versatilidad y porque el chubasquero no tenía capucha. Era el típico poncho verde de ferretería y me haría el avío muy pronto. Compro en un pastelería pan de pueblo, un bollo de leche tamaño barra de pan y un bocadillo de jamón que se hallaba solitario en la vitrina (jamón, anchoas, tomate, pimiento asado y berengena) … buenisimo. Aquí decido continuar con la autosuficiencia (sin contar el nuevo pocho, jeje) y me olvido del pedal. Sigo por la carretera y encuentro un bosquecillo de álamos u olmos (no los distingo bien) con un río muy bonito. Es un sitio fácil, bonito y útil. El piso estaba todo cagado de vacas, pero blandito y cómodo. Las boñigas me servirían de colchón y dormiría muy bien. El sitio está más abajo de la carretera y apenas se oyen los vehículos. En cambio, se oye el río desde “casa” … chulísimo. Me encuentro más positivo y menos cansado que otras tardes: en realidad la noche anterior no dormí bien y no me afectó nada, al igual que el primer día de ruta en que no había dormido la noche anterior en el autobús. Y no solamente no estaba cansado, sino que el rendimiento de los días posteriores a dormir mal o no dormir eran buenos.

En realidad llegé temprano y tuve tiempo suficiente para relajarme, pasear por el río, oirlo y al anochecer montar todo, hacer la llamada diaria a Marta, cenar y disponerme tranquilamente a dormirme con las estrellas y el murmullo del río. Ni siquiera me hizo falta la mosquitera, a pesar de la temperatura buena y la cercanía del río.

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Me parecía increíble haber atravesado ese largo y nublado día sin chubasquero. Tan sólo me había caído encima unas gotas y sin embargo ahora disponía de un amplio poncho …. felicidad.

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Transpirenaica en btt. Etapa 3.

De un punto entre Ribes de Freser a Planoles, a pasado el Coll de Torn – 89 kms.

Por la mañana, remoloneo un poco en el saco, pero no todo lo que quiero porque ha dejado de llover y es momento de recoger todo con más comodidad. Compruebo el material y todo está seco. Estrujo el suelo de plástico fino y sacudo bien el tarp, meto todo en la bolsa estanca y así quedará mojado hasta la siguiente noche; y el saco, el saco-sábana y el trozo la mosquitera los introduzco como siempre en el petate delantero, de momento sin impermeabilizar para que se seque la humedad producida por el propio calor del cuerpo y la condensación del tarp, tarea difícil porque el día seguía amenazando con descargar. Fue la única noche que necesité la mosquitera. A las siete de la mañana tenía todo recogido y me dispuse a dar buena cuenta mi bufé exprés.

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Sobre las ocho de la mañana empieza a llover fuerte llegando a Planones. Gracias a Dios que estaba llegando al pueblo, y así me refugio en un techado que cubría unos contenedores de basura. Allí paso en pie un buen rato hasta que sin parar de llover decido llegar al pueblo. Esta decisión me costó un poco, porque no dejaba de llover y la verdad es que no estaba totalmente seguro de que fuera el inicio de pueblo. Estuve a punto de acercarme a un camping que estaba indicado, pero finalmente me aventuro y sigo bajando como un kilómetro hasta el pueblo y tras un par de vueltas me refugio en el alero de la iglesia. Allí pasaría otro rato, pero finalmente decido seguir por el agobio de la pérdida de tiempo. Más tarde me daría cuenta de que realmente no había perdido tiempo por la lluvia, porque ese día estaba muy cansado después de las dos jornadas anteriores de pedaleo. De no haber llovido, creo que hubiese tenido que parar a descansar mis piernas que estaban resentidas con el maltrato que estaban recibiendo.

Ante la gran cortina de agua me veo obligado a parar en la estación de Toses. A partir de aquí se relaja un poco el día y da comienzo un quita y pon interminable de chubasquero.

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De esta forma y con frío subo a La Molina. Llueve fuerte y me refugio en el vuelo de tejado de una casa (no sé si era una refugio, albergue, restaurante o qué) donde compartí un rato con una familia. Saqué mis provisiones y hubo contagio. Aunque de pie, no se estuvo mal: comiendo, con compañía, lloviendo a mansalva y con vistas preciosas que no saldrán en las fotos.

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Rápidamente comienzo la bajada por una pista azul superempinada … no quiero imaginarme cómo serían las pistas negras. Además de la pendiente brutal, estaba formada por piedrotas enormes que débilmente intentaba sortear hasta que me rendí en algunos tramos y me bajé de la bici en prevención de una “josconcia de muy señor mío”. Compruebo el track del gps y, fíjate por dónde, que estoy fuera del trazado. Parece que me he desviado y miro hacia arriba para hacerme a la idea del camino a desandar. Me abrumo, compruebo otra vez la máquina y miro a mi alrededor. No lo entendía, la pista era como una vertiente entre dos laderas, por lo que no se me antojaba posible otro camino. No obstante subo un tramo, paro, observo otra vez todo y compruebo nuevamente que la ruta no podía existir por donde marca el gps. Se había vuelto loco y al final, tras unos diez minutos volvió a la cordura (este día y el siguiente pasaría alguna vez más, no sé si intervendría la climatología y las tormentas que no estaban demasiado lejos).

Inicio de la bajada de La Molina (antes de los pedruscos)

Inicio de la bajada de La Molina (antes de los pedruscos)

Llego a Masella y a la salida repongo sólidos frente al primer muro que me esperaba. Había salido el sol y quería aprovecharlo. Mientras comía extendí la “ropa de cama” y los calcetines mojados. Inicio la pendiente con todo el desarrollo metido y aún así toca sufrir, aunque me ayuda el que me alcanzase el primer integrante de un grupo que hacía la ruta. Ese madrileño subía muy bien y me sirvió de referencia para no percatarme tanto de lo que estábamos subiendo. Varias veces echo pie a tierra por lo exagerada de la pendiente, el mal firme, la falta de tacos suficientes y sobre todo porque comprendía que andando marcaría casi la misma velocidad con descanso de mis maltrechas extremidades rodadoras. Paramos el madrileño y yo en una zona de llaneos anterior a la cumbre a esperar al resto del grupo (madrileños y algún catalán), pero yo continuo con la prisa ya metida en el cuerpo. A partir de este lugar y al seguir subiendo todo cambia de repente. se “mete” la niebla y no se ve nada. El camino se desvía por un sendero en el que había que tener ojo, ya que estaba todo muy resbaladizo.

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Llego a Baga, y merodeo por el pueblo esperando la hora del té para comprar en el supermercado del pueblo. Me dispongo a comprar y llega el grupo que aunque pretenden comprar en la tienda se van al bar a por un bocata. hablamos un rato, pero salgo pronto, y quedamos en que igual nos veíamos más adelante, aunque yo pensaba que iba a ser difícil … aunque me decían que tenían idea de llegar a Tuxent a mí me parecía imposible que llegasen por la hora, porque se iban a entretener en el bar y porque eran un grupo. De cualquier forma llevaban tienda por si acaso.

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Subo a todo gas hacia Col Torn y el tiempo sigue jugando conmigo y no para de intimidarme. Subo con mucha nube y niebla espesa en la cumbre. En este momento ya se me ha hecho tarde, son casi las nueve y la claridad se va. Desciendo rápido unos kilómetros y al comprobar el gps me doy cuenta de que he “metido la pata” hasta el fondo. Con el miedo a la tormenta, al frío y al viento que hacía, me pasé varios kms al bajar. Retroceder esos kilómetros fue horroroso, no sólo por el esfuerzo a esa hora del día y tras ascender 1.100 metros, sino sobre todo mentalmente, ya que si ya iba mal de tiempo a las nueve, ahora eran las nueve y media, oscureciendo y aún no había ascendido todos los metros que bajé por error. Ya en el llano de la cumbre al fin descubro el sendero que iniciaba un descenso por una vaguada sin refugio y, como es lógico, con viento. El quita y pon de chubasquero continuó en la subida y ya en este sendero me lo quito y lo engancho en la cinta del petate trasero (error). Aún podía ver pero me tuve que bajar de la bicicleta por temor a la caida. Era un sendero estrecho, con canales producidos por el agua, piedras y pendiente por uno de los lados, así que no me lo pensé y pie a tierra, pero trotando para avanzar, ya que si no encontraba un lugar pronto lo iba a pasar realmente mal. Bajo la vaguada y no había árboles, todo era muy inclinado y algún sitio que encontraba era peligroso por su ubicación cercana al lugar por donde correrían las aguas si lloviera. Bueno, creo que tuve suerte y encontré un sitio que a pesar de todo era bueno … alejado de los posibles torrentes y rodeado de arbustos espesos.

Raudamente me puse manos a la obra, monté el tarp para tormenta, comí rápido y me metí para entrar en calor lo antes posible. Lo conseguí a pesar del viento y al poco empezó la lluvia. El saco estaba seco del todo, o me lo pareció, o al menos se secó cuando me metí en él, pero no noté nada … la verdad es que la humedad que tenía por la mañana era casi inexistente.

Esa noche pasé un poco de frío (estaba a unos 1700 metros, con viento y lluvia), pero el sitio era bueno y todo fue bien. A pesar del frío y de la posición del tarp tan cerrada, no condensó (yo creo que por el viento), por lo que a pesar de no dormir bien por la intranquilidad y de pasar un pelín de frío, puedo concluir que la noche la pasé bien … lo que he dicho antes … tuve suerte de encontrar ese lugar para plantarme.

Esa noche me prometí no apurar tanto los días, cosa que incumplí todos los días restantes … jeje.

La heridas no empeoraron y comenzaban a no pegarse a la malla.

Esta jornada no ha sido de mucho ánimo y he ido bajo de moral, más que por la inclemencia metereológica, por lo que suponía de retraso en los planes que me empeñaba en seguir.

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Transpirenaica en btt 2014. Etapa 2.

De Sant Miguel de Bassegoda a un punto entre Ribes de Freser y Planoles – 107 kms.

La mañana comienza con buen tiempo, subiendo temprano a Coll del Riu, y disfrutando como siempre que asciendo temprano y con fresco … son los mejores momentos del día. Bajo hacia Sadernes y gozo de la belleza del recorrido. A pesar de la gran pendiente y de la pista difícil por la que transitaba, a esta altura de la ruta el terreno se me hacía muy divertido, y al ir con poco peso podía disfrutarlo a lo grande.

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Casi abajo me topo de frente en una curva con un transpirenaico que inició la ruta en La Molina y empujaba la bici cuesta arriba. Había roto el cambio, sin solución, y le iban a recoger arriba. Le esperaba una subida “de órdago” e iba a empujar “de lo lindo”. La verdad es que luego me dio un poco de cargo de conciencia porque no me ofrecí para ayudarle, ya que aunque tenía la maneta del cambio rota quizá podíamos haber fijado la cadena en un piñón grande y así no tener que empujar todo el recorrido, que era empinadísimo y extenso. Pero bueno, igual prefería empujar y no complicarse.

Desde Sadernes, a 300 metros de altura, me esperaba una subida hasta los 2050 metros con descansos intermedios e incluso bajadas. En un llaneo ya yendo hacia Vall del Bac veo una mariposa que va junto a mi rueda delantera y me pasa, a pesar de rodar yo a más de 20 km/h. Iba que se las pelaba, acelero y no la pillo. No sé qué especie sería, pero era grande y de color anaranjado y negro … me quedé perplejo de la potencia de un bichito que siempre he visto revolotear sin rumbo fijo y en esta ocasión se estaba “picando” conmigo en una dirección bien marcada. En esa subida también me hizo pensar mucho (quizá el subconciente no para de hacerlo para sobrellevar los esfuerzos) el nombre de la finca “Lost in time” … lo dice todo.

Paso por Campodrón, pueblo muy turístico, compro pero no encuentro fuente para recargar. Me avituallé con barquillos recubiertos de chocolate (cubanos se llaman allí), que son típicos de la zona, según me dijo la amable dependienta Tomo agua finalmente en Llanars para el trozo de subida tan fuerte que me queda hasta el Collet de la Gralla. A las afueras de Llanars paro en un banco, tomo una foto y como junto a la carretera, pero en un sitio tranquilo y bonito.

Campodrón

Campodrón

A la salida de Llanars

A la salida de Llanars

A partir de aquí, el ascenso lo vivo con una gran incertidumbre por temor a la lluvia, el día estaba feo y quedaban 300 metros de desnivel. Finalmente es arriba cuando empieza a llover, para más tarde escampar, aunque seguía la amenaza y no me gustaba nada … iba un poco “cagado”.

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Hace fresquete al bajar, aunque pienso en ir más deprisa antes de que cayera “la gorda”, pero la bajada con tanta piedra suelta era muy dura y aminoré. Además, la rodilla derecha me estaba dando muy malas sensaciones con un dolorcillo sospechoso que fue incrementándose muy lentamente a lo largo del día y, por otro lado, el pedal izquierdo ya venía crujiendo de forma molesta desde la mañana; todo lo cual hacía que la incertidumbre fuere mayor.

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La tarde iniciaba un periodo de inestabilidad de varios días que retrasó mucho el viaje. El resto del día se mantuvo nublado, la niebla me acompañaba en la subida tras pasar Ribes Freser, y a dos kilómetros bajando hacia Planoles encuentro un lugar adecuado para el descanso nocturno. Llego y empieza a llover, se corta y monto el chiringuito

Esa noche estuvo lloviendo, pero dormí bien. Monté el tarp con tres lados al suelo por el temor a la tormenta y también por si hacía frío (1600 metros de altura más la humedad de la lluvia y posible viento). Al estar tan bajo el tarp y con la lluvia me condensó, mojándome ligeramente el saco, aunque apenas lo humedeció (saco de fibra, claro). La noche fue bien (con todo el abrigo puesto y el saco cerrado al máximo con el sólo orificio para respirar por la boca), con excepción de un poco de ardor de estómago que entendí provocado por tanta grasa para cenar (chocolate y aceite de oliva de las sardinas). Mi estómago es fuerte, pero comprendí que estas cenas no se debían repetir en el viaje y todo fue bien el resto de la ruta … a partir de esta noche, las “bombas” calóricas fueron diurnas.

Respecto a las heridas la cosa iba relativamente bien. La más grande de la espinilla seguía pegándose a la malla en toda su longitud y yo seguí despegándola por las noches para que la cicatriz fuera independiente de la malla. Sin signos aparentes de infección.

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Transpirenaica en btt 2014. Etapa 1.

Llança  –  Sant Miguel de Bassegoda – 82,6 kms.

Tras salir del regional Barcelona-Cerbère en Llança, me dirijo directamente al mar siguiendo el recorrido visionado días atrás en Google Maps hasta alcanzar el paseo y sacar la foto de rigor junto al Mediterraneo.

Llança

Llança

Paseo de Llança

Paseo de Llança

Me deshago de la llave del 15 para desmontar pedales e inicio el recorrido que inmediatamente me lleva a unas rampas de mucho desnivel para ser las primeras y no tardo en caer en la cuenta de que nada más iniciar la ruta ya he cometido un error – de los gordos, pero gordos – … no he cogido agua. Jajaja, ¡qué ganas de iniciar la ruta tenía! Ahora me río, pero con lo cabezota que soy no podía desandar el camino y así continué con sólo un cuarto de litro hasta que en Vilamaniscle tomé agua de una fuente pública, bastante sediento y muy acalorado, porque además el primero fue uno de los pocos días calurosos de la travesía. Ya antes había estado comiendo zarzamora, por aquello de que la fruta tiene agua, azúcar y sales, aunque por prevención sólo tomé un poco.

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Atravieso varios pueblos muy bonitos y tras la segunda subida fuerte de la jornada, ya bajando me distraigo con el paisaje y no sé cómo pero me encuentro en el suelo tumbado sobre la bici – el gps rodó más allá – y con la parte baja de la pierna derecha entre el plato y la barra diagonal del cuadro. No me muevo e intento notar los avisos del cuerpo mediante un informe sensitivo, sintiendo algo en la espinilla y un poco de dolor en la zona del talón de Aquiles. Finalmente todo fue superficial, si bien al ser la espinilla una zona en la que mi cuerpo no sella bien, supondría el mismo handicap que en otras rutas por la mala cicatrización, el polvo, el sudor, otros golpecitos inevitables en la zona … incertidumbre en la curación y a rezar para que no se infecte. El firme de esta etapa no fue malo, aunque en muchas cuestas abundaba la piedrecilla suelta y la arenilla, como era el caso de cuando me caí, que al pinzar los frenos mientras miraba la zanja hacia la que iba notaba la falta de adherencia en ambas ruedas y apenas pude sacar las manos para no morder el polvo.

Herida ya cicatrizada (en casa). Aunque parezca una operación fue un rasguño sin importancia.

Herida ya cicatrizada (en casa). Aunque parezca una operación fue un rasguño sin importancia.

Rabos

Rabos

Rabos

Rabos

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Cantallops. Me llamó la atención ver en estos pueblecitos estos desfibriladores.

Cantallops. Me llamó la atención ver en estos pueblecitos estos desfibriladores.

El amor está en todas partes

El amor está en todas partes

Avituallamiento a la salida de Cantallops

Avituallamiento a la salida de Cantallops

Espolla

Espolla

2014-08-18 16-31-26 - IMG10173_614x461 2014-08-18 16-31-22 - IMG10172_614x461 2014-08-18 16-05-30 - IMG10170_614x461 2014-08-18 16-01-14 - IMG10168_614x461 2014-08-18 13-28-06 - IMG10160_614x461 2014-08-18 13-01-18 - IMG10159_614x461 2014-08-18 12-40-08 - IMG10158_614x461 Espolla

Espolla

Espolla

De los pueblos de esta etapa, me gustó mucho Sant Llorenç de la Muga, y pienso que puede ser un buen destino de vacaciones para la familia. Es limpio, bonito, cuidado, con zonas de esparcimiento, río, construcciones de piedra bien mantenidas y/o reconstruidas y cierta vida social.

2014-08-18 17-29-36 - IMG10177_461x614 Sant Llorenç de la Muga

Sant Llorenç de la Muga

Sant Llorenç de la Muga

2014-08-18 17-47-28 - IMG10180_614x461 2014-08-18 18-47-52 - IMG10181_614x461

Continuo hasta Albanya, compro para cena y desayuno y parto rápido hacia el Coll de Rui, llegando hasta Sant Miguel de Bassegoda. Es ésta una iglesia que se halla a 200 metros de altura antes del puerto. Nada más llegar encuentro una especie de caserío, al parecer inhabitado, con una construcción adosada cuyas puertas estaban cerradas con cadenas, y de las que salió un único ruido que achaqué a algún animal, y que no volví a escuchar. Veo un arco que inicia un túnel que ya veía como mi techo nocturno, aunque con el temor de que al dueño de la casa no le pareciese buena idea. Rodeo el caserío y es cuando veo la iglesia. Se ve antigua pero robusta, y al acercarme compruebo que la puerta está entornada y sin candar. No lo dudo y empujo para meterme en la más absoluta oscuridad, y al poco rato ya veía algo. Y lo que había era nada, una iglesia vacía, abandonada hace tiempo, con su altar, flores encima y unas cuantas piedras rotas en el suelo que pensé que podían provenir del techo, cosa que me puso en aviso para echar un mejor vistazo y asegurarme de que el techo estaba realmente completo. En la iglesia no se veía casi nada por la poca claridad que deja pasar este tipo de construcciones, por lo que aunque las piedras hubieran caído del techo, éste estaba completo. No obstante, decidí dormir bajo el arco de la puerta, y me dispuse a meter todo justo cuando empezaba a llover. Tuve tiempo de cenar tranquilo y preparar todo para la noche, y tras dejar de caer agua, visito el pequeño cementerio adosado a la pared de la iglesia y miro una vez más esa ventana del caserío que no estaba cerrada con contraventanas como las demás y se veía completamente negra … era como si en cualquier momento fuera a aparecer allí una chica con el pelo negro sonriendo con un candil en la mano … esa idea se fue rápido de la cabeza, no apareció nadie por allí y el hecho de no haber dormido absolutamente nada en toda la noche anterior (en el bus) hizo que acostado sobre piedra dura dentro de una iglesia, vacía, con cementerio en una esquina y con un caserío con ventana sospechosa, durmiera como un bendito hasta la claridad de la mañana.

Sant iguel de Bassegoda

Sant Miguel de Bassegoda y su cementerio adosado

2014-08-18 19-46-34 - IMG10183_461x614 Sant Miguel de Bassegoda

Hay sido una etapa corta, tranquila y con el único inconveniente inicial de la falta de agua. Fue la única noche que no dormí bajo las estrellas y el único día en que no pensaba en pedalear y pedalear sin fin; acampé pronto sin pensar que así perdía tiempo, que era la sensación que tendría los días posteriores. En estos días siguientes fragüé la idea de no alojarme y pensé en las cuatro horas que no puede aprovechar en el primer día, por comenzar a las 10 y terminar sobre las siete y media de la tarde.

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Transpirenaica en btt 2014. La ruta.

Como ya expuse en la entrada sobre la preparación de la ruta, mi viaje se basa en el libro La travesía de los pirineos en btt de Jordi Laparra, editorial Prames, y he seguido el trayecto planteado en la guía desde Llança hasta Hondarribia con la única variante de la Sierra de Cutas, para ver de nuevo el valle de Ordesa. Sin duda que merece la pena esta variante, ahora que está permitido el paso con bici.

La ruta la comencé el 18 de agosto de 2014 sobre las diez de la mañana en Llança y la culminé en Hondarribia el 28 alrededor de las cuatro de la tarde, resultando seis horas más de los diez días previstos. Han salido algo más de mil kilómetros, más de 25.000 kilómetros de desnivel positivo acumulado, haciendo una media diaria de unos 90 kilómetros diarios con 2.300 metros de desnivel positivo al día. Esto es ir a toda mecha, más que nada porque de los siete días anuales que me puedo “escapar”, este año ya me pasaba bastante con 10 días más otros 2 empleados en el viaje … la familia se ha portado fenomenal, pero me quise autolimitar el tiempo, a pesar de que así no se disfrutaría lo mismo; por otra parte, se convertía en un reto a cumplir que no ha sido sino pasión, hasta tal punto de que ya sobre el camino abandoné la primera idea de alojarme unas tres veces para reponer, cargar móvil, asearme, etc, e hice de la ruta un reto de autosuficiencia, que me condujo a no tomar ayuda salvo comida y pilas para el gps, a pesar de los problemas mecánicos de la bici que comenzaba a tener.

He realizado la ruta en autosuficiencia, con simplicidad y de forma ultraligera, que es la filosofía de viaje que más me gusta, llevando la bicicleta casi como cualquier día (con V-brake, horquilla sin suspensión, sin desviador de platos, cubiertas rodadoras con poco taco, sólo cuatro piñones y dos platos … más de una risa habré provocado en los ciclistas y ruteros con los que me topaba).

El peso muy contenido del equipaje, la bicicleta y el mío propio era trascendental. 11 kilos de bici, 3,5 kilos totales de equipaje (los petates delantero y trasero más la riñonera) y los 61 kilos iniciales de mi cuerpo; total, unos 75,5 kilos sin contar agua y comida. La bicicleta y equipaje se pueden ver en la entrada sobre la preparación de la ruta. Esos pocos kilos han hecho que me sintiera muy cómodo y estable al rodar, fuerte, y que buscar o sacar algo del petate fuese cuestión de segundos. No obstante, también me ha limitado mucho, sobre todo en cuanto al abrigo nocturno y la seguridad con las tormentas.

He dormido todas las noches allí donde acababa el pedaleo, parando generalmente al anochecer y no en los mejores sitios. A pesar de ello, he dormido bastante bien con excepción de la noche más tormentosa, que la pasé bastante mal, como comentaré en la etapa correspondiente. Sólo llevé un saco ligero, algo de aislante (plástico de pintar fino y parasol de coche) y un tarp, que me valieron salvo esa fatídica noche de tormenta. La ropa de abrigo (básicamente un polar y mallas largas) ha resultado en alguna ocasión justita para dormir.

El recorrido es duro, y aunque hay tramos asfaltados que no gustan a los más beteteros, en mi caso me ha ayudado a cumplir la ruta en el tiempo que disponía, dando mucha moral cuando hacía falta. Más que nada, las carreteras enlanzan algunos pueblos, y sobre todo lo más destacable es que se dan en los inicios de muchos puertos, dándome fuerza mental a la hora de acometer las subidas, sobre todo las duras por longitud, pendiente o firme del resto de la subida.

En cuanto a meteorología, la primera parte de la ruta ha sido tormentosa, con el consiguiente retraso, sobre todo por el barro y la logística a la hora de dormir. No ha hecho calor, con excepción de algún día, pero nada fuera de lo normal para un chico del Sur. Frío tampoco: mínimo de unos 8-10 grados de noche y 9 grados de día en una jornada tormentosa más allá de los 2.000 metros de altitud.

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El piso de caminos y senderos es variado: desde la carretera o pista hormigonada hasta las torrenteras más abruptas, destacando los días posteriores a las tormentas, que fueron de mucho barro en los llaneos, con el consiguiente retraso en zonas de avance y cabreo de mi persona.

En este viaje ha tenido importancia la logística. Debía vigilar muchas cosas: no quedarme sin agua ni comida y estar atento a los puntos de abastecimiento (sólo dos veces he tenido que potabilizar agua), eliminar basura y pilas gastadas en sitios apropiados, ver el paisaje sin apenar pausar (difícil tarea), atender la mecánica (totalmente incumplido), conocer la ruta para prever acontecimientos (totalmente incumplido), asearme sobre la marcha e ir lavando la única camiseta (cada vez menos lustrosa) y la malla larga que llevaba, pedalear al caer el sol mientras buscaba un sitio decente y discreto (casi siempre difícil), y además no perder tiempo en todo ello.

No conocer bien la ruta y lo que me esperaba en cada jornada ha sido, sin duda, el mayor error que he cometido. Como quiera que planeé la ruta con varias escalas en campings o albergues, la idea era estudiar las rutas sobre la marcha. La información estaba en el móvil (por peso y bulto), y conforme a lo planeado podría verlo sin miedo al agotamiento de la batería del móvil. Pero al no alojarme en ningún sitio y rodar la ruta en autosuficiencia, perdía esa posibilidad, ya que la batería se gastaba con las llamadas de casa, las fotos y las grabaciones de voz. Creo que pequé de empeño en el pedaleo, pero siempre pensaba que no tenía tiempo para planear, que el recorrido era el recorrido, fuese cual fuese, y que mientras pedaleara avanzaría … avanzaba a ciegas, como un tanque en terreno enemigo; me daba igual que el puerto comenzase o no con carretera, si era pista o sendero, y si la bajada era buena o discurría por una torrentera. En última instancia, no tuve otra que parar un rato en un bar a cargar batería.

El pedaleo ha sido de sol a sol, sin descansos, salvo los ratos de disfrute del paisaje, de los entornos y pueblos, mientras tomaba las fotos y unos minutos para comer.

Físicamente, ha sido extenuante. La preparación ha resultado suficiente, si bien tuve un bajón el tercer día (quizá lo normal), que compensé con descansos obligados por lluvia muy fuerte. Las heridas sufridas no han sido nada importante, pero me han molestado mucho por estar abiertas, en contacto con la ropa y el polvo, y por no cicatrizar bien por el sudor y estar situadas en las espinillas, donde mi cuerpo, con la edad, no cicatriza adecuadamente. La mente me ha fallado los días tercero y octavo, ambos por pensar que no podría concluir en el tiempo planteado, pero todo pasaba y no cejaba en el pedalear en un intento infructuoso de ir recuperando terreno.

La belleza de lo visto no puedo describirla, ni mis fotos de baja calidad saben trasladarla, pero no importa tanto. Me fastidió mucho no poder ver nada en los primeros días por la metereología, sobre todo cuando rodaba por encima de los 2.000 metros con niebla espesa, aunque lo compensé en la segunda parte de la travesía. Por falta de tiempo, no puede subir a pié a Monte Perdido, un deseo que ya desde antes del inicio veía muy difícil de realizar.

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La mecánica ha aguantado a pesar del agua recibida y, en particular, de una gran tormenta nocturna insistente, del barro y del bajo mantenimiento que le he dado a la bici (también por tiempo), He temido por un pedal, por el agotamiento de las zapatas de freno y por los rodamientos del eje de la rueda delantera, pero a base de “apaños” he conseguido no cambiar piezas que no llevase, cumpliendo con la autosuficiencia mecánica. Cambié una vez las zapatas de la rueda trasera, que ya me ponían en peligro, y aguanté las de la delantera en previsión de que con la lluvia y el barro me quedase sin repuestos (finalmente acabó así por la mejoría del tiempo). He tenido dos pinchazos en la rueda trasera.

La alimentación ha sido abundante, muy calórica. Básicamente ha consistido en frutas, frutos secos, chocolate, galletas, pan y pescado en aceite. No almorzaba, sino que conforme iba rodando paraba, sacaba algo, tragaba y seguía. Tenía prevista comida para cena y desayuno, salvo algún día que me quedé corto por no encontrar comida en las aldeas y no haber hecho la previsión el día anterior de dónde comprar.

No he tenido problemas de orientación, salvo en un par de ocasiones que se debieron a error de señal del gps o mío propio.

El viaje lo he hecho en solitario, sin que eso haya supuesto problema alguno, al contrario. En la primera mitad de la ruta me he encontrado gente que hacía la Transpirenaica (rodando juntos en algunos casos), no así en la segunda parte.

Los desniveles de subida son importantes, destacando las subidas del País Vasco, más cortas, pero con unas rampas sostenidas que quitan el hipo.

He perdido sólo dos kilos (me he debido alimentar bastante bien), me duele todo, tengo cicatrices por todos los lados aunque una sola caída, un desgarre muscular en la zona pectoral que me impide recuperar músculo en esa zona que tan esquelética se ha quedado, e hinchazón en los piés los primeros días del regreso. Tengo moratones en la zona de los isquiones y también en las corvas, paralelamente a los tendones que pasa por ahí …. estos moratones me han sorprendido bastante … imagino que se deben al rozamiento del tendón. Tras seis días aún no he practicado deporte por miedo a no curar bien el desgarre.

El viaje de ida fue de Benalmádena en tren de cercanías hasta Málaga; desde aquí en bus hasta Barcelona, donde cojo un tren regional hasta Llança, comenzando la ruta sobre de las 10 dela mañana. El viaje de vuelta fue bus de Irún a Málaga con transbordo en Granada, y cercanías de Málaga a Benalmádena.

Bici empaquetada en la estación de autobuses de Málaga.

Bici empaquetada en la estación de autobuses de Málaga.

Track completo (en bruto, sin quitar paseos por pueblos, errores, etc).

http://es.wikiloc.com/wikiloc/spatialArtifacts.do?event=view&id=7695577&measures=off&title=off&near=off&images=off&maptype=S

ETAPAS

La preparación de la ruta.

Primeras impresiones tras la llegada.

ETAPA 1 De Llança a Sant Miguel de Bassegoda – 82,6 kms.

ETAPA 2 De Sant Miguel de Bassegoda a un punto entre Ribes de Freser y Planoles – 107 kms.

ETAPA 3 De un punto entre Ribes de Freser y Planoles a pasado el Coll de Torn – 89 kms.

ETAPA 4 De pasado el Coll de Torn a pasados unos kms. de Llavorsí – 103 kms.

ETAPA 5 De pasados unos kms. de Llavorsí a cerca de Sas – 90,7 kms.

ETAPA 6 De cerca de Sas a cerca de Campo – 88,2 kms.

ETAPA 7 De Campo a pasado Nerín – 63,5 kms.

ETAPA 8 De pasado Nerín a pasado Larrés – 106 kms.

ETAPA 9 De Larrés a Río Veral (pasado Ansó) – 91,5kms.

ETAPA 10 De pasado Río Veral a pasado Elizondo – 138 kms.

ETAPA 11 De pasado Elizondo a Hondarribia – 66,2 kms.

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Transpirenaica en btt 2014. Llegada a Hondarribia en autosuficiencia.

Bueno, he llegado casi sano y a salvo.

Han resultado 10 días, 5 horas y 55 minutos de travesía por los 1024 kilómetros recorridos y unos 25.000 metros de desnivel positivo. Una aventura que, dejando atrás mis intenciones de descansar, asearme y protegerme en alojamientos al menos varios días, finalmente he realizado en total autosuficiencia, con excepción de la comida.

A veces no lo he pasado bien, y la mecánica y mi fuerza mental han peligrado, pero finalmente todo ha concluido felizmente bien y casi en el plazo de que disponía. He tenido que asearme sobre la marcha, ahorrar batería del móvil, cargar comida y agua para cena y desayuno (muchas calorías), pasar frío y dormir mal (o no dormir) entre otras incomodidades, pedalear de sol a sol y a veces dormir en mal sitio por aprovechar media hora más de pedaleo, apañar la mecánica para así llegar sin ayuda, autoconvencerme de que a pesar de los retrasos por tormentas y barro la cosa podía llegar a buen fin.

Tengo dolores, cicatrices, hinchazones, moratones … y por otra parte no me importa … la experiencia ha sido bestial, los paisajes increibles y, en general,  la ruta impresionante.  Evidentemente, esta ruta se disfrutará mejor disponiendo de más días para hacerla y quizá en compañía, y puede quealgún día pueda …  pero la he hecho, la he disfrutado intensamente y he cumplido uno de mis sueños montañeros.

En el paseo de Hondarribia.

Tras la llegada al  Cantábrico.

 

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